Cerrar un ciclo… de fondo.
Recientemente descubrí la enorme, brutal y decisiva diferencia entre cerrar un ciclo de fondo y cerrar un ciclo de forma.
Cerrar un ciclo de forma es pasar página. Cambiar de experiencia. Mudarnos de relación, trabajo, país, etapa. Pensar que si pusimos punto final, la próxima historia que escribamos será completamente distinta. Es creernos que «ya aprendimos la lección».

Aunque la piedra parezca distinta, si la caída se ve igual, hay que cerrar el ciclo de fondo.
Todos hemos tropezado dos (o siete, o veinte) veces con la misma piedra. Algunas veces, conscientes de que, literalmente, se trata de la misma. Damos otra oportunidad. Otras, las más engañosas, estamos convencidos de haber dado ¡por fin! con un diamante. Nos sentimos maravillados ante la asombrosa novedad. Seguros de que, las lágrimas, el dolor, el tiempo de espera, han dado sus frutos. La fe ha sido restaurada, se hizo justicia, la vida es maravillosa. Esta vez acertamos. Nuestra recompensa es el merecido final feliz.
Hasta que ¡pum! Volvemos a caer. No era un diamante, ni siquiera en solo un bruto. Era una roca más dura que las anteriores. ¿Cómo puede ser? No entendemos nada. Todo parecía diferente, incluso opuesto. De hecho, tuvimos especial cuidado en elegir una pareja, jefe, amigo, trabajo, lo más alejado posible de lo anterior, precisamente queriendo evitar caer en los mismos errores. Y aquí estamos. Una vez más, en el suelo, intentando comprender cómo dos piedras tan contrarias, han provocado el mismo batacazo. Volvemos a sentirnos igual.
Cerrar un ciclo de fondo NO es comenzar algo nuevo.
Cuando has cerrado un ciclo de forma, tú crees que ya has cambiado. Romper con todo, buscar lo contrario por miedo a pasar por lo mismo, puede atraer exactamente aquello de lo que estás huyendo. Seguir con la misma persona, trabajo o situación puede traer resultados diferentes cuando te vinculas desde un lugar distinto. La clave está en cambiar el fondo no la forma.
No se trata de cambiar de diablo sino de salir del infierno.

Cambiar de diablo no te saca del infierno.
Todos estamos condenados a repetir nuestros patrones. Dejemos de fustigarnos por volver a caer en los mismos errores. Para liberarnos es imprescindible aceptar en nuestra vida la dimensión del error.
Sabemos que los errores existen, hasta está de moda reconocerlos como parte del camino al éxito. El consejo más repetido por los gurús del emprendimiento en el pasado South Summit, fue precisamente: equivócate todo lo que puedas, lo antes posible, ama tus errores y aprende de ellos.
Con los errores pasa un poco como con la muerte. Sabemos que existe, nadie se libra. Aún así, cuesta demasiado admitirlo cuando se trata de nosotros o de las personas que más nos afectan.
Cerrar un ciclo de fondo comienza por admitir que tú te equivocas, que yo me equivoco, que todos nos equivocamos. Y que eso, va a seguir pasando. El punto es cometer nuevos errores, que lejos de mantenernos estancados en el mismo sitio, nos lleven a emprender otro camino donde podamos trascender lo anterior para seguir expandiéndonos.
¿Cómo saber si has cerrado un ciclo de fondo?
Si ya no repites. El secreto es darte cuenta cómo te hace sentir la nueva situación. No en un primer momento. Cuando estamos ante algo nuevo, nos sentimos como nuevos. La realidad nos alcanza -siempre- un poco más tarde. Lo importante es reconocerla a tiempo. Hay que fijarnos en los resultados que estamos obteniendo: ¿nos acercan o nos alejan de lo que en verdad queremos?. No te fijes únicamente en las consecuencias de fuera, pon atención en cómo te sientes por dentro: ¿experimentas expansión o contracción?
Si continuas obteniendo los mismos resultados, cambia de guion. Puede parecerte una película distinta. El reparto ha cambiado. Piensas que dejaste atrás el género de terror. Estás protagonizando una comedia romántica o de aventura, abriéndote nuevas oportunidades, contando una nueva historia, confiando plenamente en su final feliz.

¿Sientes que sabes cómo va a acabar la película? ¡Cambia el guion!
A media película, la trama comienza a parecerte familiar. Algo te dice que ya la viste. Sabes cómo termina. Si no haces un plot twist, descubres que era una adaptación de una novela que te sabes de memoria. La buena noticia es que: darte cuenta te permite escribir un nuevo argumento.
El escenario y los actores pueden -o no- seguir siendo los mismos, el tema es hacer consciencia de cuáles son las partes que te gustaría cambiar. En tus manos está tener el papel estelar en una historia jamás contada que te encante vivir.
El truco consiste en prestar atención a los resultados e identificar la conducta que los está produciendo. Nuestras acciones son las que producen resultados. Para cambiarlos hay que cambiar éstas. ¿Adivinas qué te mueve a la acción? ¡Correcto!: la emoción.
Cerrar un ciclo de fondo conlleva romper tus patrones.
Un patrón es un comportamiento aprendido que se repite de forma automática para facilitar la vida en sociedad. No todos nos afectan negativamente. La mayoría, si somos personas medianamente sanas, nos facilitan la existencia.
El problema surge, cuando esos códigos de comportamiento nos mantienen eternamente insatisfechos o enfrentando siempre los mismos obstáculos, con la sensación perpetua de no avanzar lo suficiente.
Nuestros patrones son la forma en que nos adaptamos a nuestro entorno. Desde antes de tener uso de razón, fuimos programados por las creencias que nos inculcaron nuestros padres, familiares, cuidadores, profesores, la cultura; más adelante nuestros amigos, el contexto social y laboral, el primer amor.
Es nuestro software, conforma nuestro sistema de creencias, nos hace emitir juicios. Cuando no lo actualizamos, continuamos comportándonos como una versión antigua de nosotros mismos. Es decir: repitiendo los mismos patrones

¿Qué haces cuando tu móvil requiere actualizarse? Apuesto que das a «Recordarme más tarde». Lo mismo hacemos con nuestras emociones.
Cuando una emoción incómoda persiste, intenta decirte que hay una mejor versión de ti preparada para ayudarte a ser y vivir mejor… Si cierras este ciclo de fondo e inicias otro.
El primer paso para romper tus patrones es reconocerlos, para después comprenderlos.
¿Para qué repites patrones?
Hay personas que se tiran 10 años -o más- en terapia analizando y sobre analizando los porqués. Y ahí se quedan. Incluso alcanzando una respuesta. (Lee.) El porqué es un pozo sin fondo, siempre podemos ir más atrás. Cualquiera que tenga hijos o haya convivido con niños de 2 años lo sabe. Es más interesante cuestionarnos para qué: esa contestación apunta en dirección de lo que precisamos para sanar.

Cierra el ciclo de fondo antes de echarte otro round.
Piensa algún ejemplo de tu propia vida. Algo que te gustaría lograr o cambiar. Lo intentaste en el pasado y fracasaste. Te dolió, te costó levantarte, hiciste el trabajo, aprendiste la lección. Con esa nueva compresión te lanzaste nuevamente al ruedo, porque aquí estamos entre valientes. 🙂 Y ¡toma ya! Otro knockout. Te sacudiste, más agrietado, haciendo acopio de todas tus fuerzas, subiste de nuevo al ring. Vuelves a la pelea con el convencimiento de que nada puede salir mal, ya viste los errores del pasado, dominas lo que tienes que hacer en esta ocasión. Ya te toca, te dices, mientras recibes otra estocada que te manda de nuevo a la lona.
Al universo se la suda tu karma. O tal vez no, e hiciste algo en tu pasado por lo que aún te están castigando. Dios te odia. La vida es injusta. Si hubieras nacido en otro país, familia, época, todo saldría bien. Claramente te echaron mal de ojo. Tienes mala suerte. El mundo entero te quiere joder. Son señales de que mejor ni lo pienses, no tienes lo que hace falta, no lo mereces, por más que te esfuerces no vas a conseguirlo. Así son las cosas. ¿Suena familiar? Es parte del proceso.
Cerrar un ciclo de fondo es un proceso.
Después de:
- Hacer un muy necesario berrinche.
- Negar la pérdida o situación. ¿Cómo es posible que haya caído en lo mismo? Seguro estoy delirando, ando paranoica, esto no puede estar pasando. Para nada se trata de lo mismo.
- Enfadarte. Contigo, con la vida, con Dios, con quien se deje. ¡Quéeeeee! ¿Otraaaaaaa veeeeeez? Soy idiota. Mi terapeuta o coach es un fraude. Todos los libros de autoayuda y procesos de cambio en los que he invertido son pura bazofia. Nada funciona.
- Negociar. Okeeeeeey. Algo tiene que cambiar. ¿Alguien más? Vale, ya entendí, no hay de otra, tengo que cambiar yo. Si cambio, «x» no volverá a pasar y mi premio por portarme bien, será obtener eso que tanto anhelo y me elude.
- Comprender. Que así no funciona. Que mientras no vayas a lo más profundo, atreviéndote a sentir en tu cuerpo el dolor original y entender su función, continuarás eligiendo personas y situaciones que te vuelvan a provocar las mismas emociones.
Estarás listo para: aceptar y agradecer, que es lo que te permite trascender y cerrar el ciclo de fondo.
Aceptar y agradecer la lección es fundamental para cerrar un ciclo de fondo.
Pongamos un ejemplo que ilustre: Andrea creció con un padre muy exigente y poco disponible emocionalmente. Aprendió que debía ser la mejor en todo y que el amor se gana siendo perfecta. Estudió Economía y sacó un doctorado por el MIT. Es proyect manager en una de las Big Four, corre maratones, tiene tres hijos y un esposo que es la envidia de sus amigas. Acude a un proceso de coaching, pues no entiende por qué si ha logrado alcanzar el «éxito» no es feliz.

No conseguir nada de lo que te propones o sentir que siempre hace falta lograr algo más, son señales de no haber cerrado un ciclo de fondo.
Cuenta que, antes casarse, tuvo malas experiencias en sus relaciones con los hombres. Un primer matrimonio con un narcisista detonó que se animara a ir a terapia. «Entendí que fui víctima de un tío que me utilizó para engrandecer su ego machacándome. Que, por culpa de mi papá, me sentía atraída a hombres poderosos que me exigían demasiado, pues de niña aprendí que eso era el amor. Lo que no comprendo es, porqué ahora, si conseguí ser lo que quería, tengo un esposo cero exigente y tres hijos maravillosos, lo paso fatal. ¿Hay algo mal conmigo?»
No hay nada malo con Andrea. Lo que le pasa a ella nos ocurre a todos. Una cosa es comprender y otra muy diferente es reparar. Lo primero sucede a nivel mental. Hasta que no lo integramos en nuestro cuerpo seguimos repitiendo. Es la diferencia entre cerrar un ciclo de forma y hacerlo de fondo.
Lo primero que le pregunté a Andrea fue: ¿cómo te hacía sentir tu papá? Insuficiente, poco valorada, incapaz de conectar con mis propias necesidades porque vivía pendiente de cumplir sus expectativas, eso me hacía sentir perdida, muy sola. ¿Y tu mamá? Vivía atenta a mi papá, me sentía abandonada, desamparada, todo dependía de mí. Debía darle el amor que él no le daba, no pedirle nada para no ocasionar problemas. Y ahora, ¿cómo te sientes? Siento que nada de lo que hago en la empresa es suficiente. Siempre hay alguien que lo hace mejor que yo, vivo con miedo a no cumplir los objetivos y que me despidan. Intento ser la mejor madre, no quiero que mis hijos sufran lo que yo, pero nunca es bastante lo que les doy. Quieren que pase más tiempo con ellos y con mi trabajo es imposible. Julián es un gran padre, vive pendiente de los niños, a diferencia del mío o de mi ex, no me exige nada. ¿Y eso cómo te hace sentir? Muy sola, poco tomada en cuenta, como si no fuera realmente mi pareja. Él trabaja menos, así lo decidimos para que alguien estuviera más tiempo con los niños, pero ahora siento que ellos tienen su propio mundo y yo soy una visitante, aunque su mundo depende de mí. No sé qué quiero. ¡Estoy perdida!
Tras conectar con sus sentimientos más profundos, Andrea comprendió que, aunque ya es una adulta en una situación completamente distinta a la de su infancia o su primer matrimonio, los sentimientos se repiten. Sigue sintiéndose insuficiente, sola, poco valorada, abandonada, perdida y como si todo dependiera únicamente de ella. Vive desconectada de si misma, de sus necesidades y deseos, porque, inconscientemente, está programada para centrarse en las expectativas y necesidades de los demás. Su poco tiempo libre lo llena con actividades como correr, que suponen mucha exigencia y le ayudan a desconectar. (A lo que está acostumbrada.)
Cuando vives desconectada de ti misma es imposible conectar con alguien más, así sea tu pareja o tus hijos.
Le expliqué que necesita reconectar con los sentimientos de su infancia para validarlos y transcenderlos.
Cerrar un ciclo de fondo requiere aprender a amar las piedras.
Las piedras no están puestas en tu camino para joderte dañarte. Si Dios o el cosmos, están poniéndote nuevamente el mismo pan, no es para reírse de como te atragantas. Necesitas aprender la lección para elevar tu nivel de consciencia.
¿Quieres cerrar un ciclo de fondo? Acepta tu historia tal como fue.
Mientras una parte de ti siga en conflicto con partes de tu historia, rechazándola, deseando que hubiera sido diferente, es imposible que cierres el ciclo. ¿Qué pasa si no lo haces? Repetirás más de lo mismo.
Nos quedamos en la cabeza porque no queremos volver a experimentar corporalmente el dolor del pasado. Seguimos atravesando una y otra vez el mismo dolor en el presente. Preferimos eso a cambiar, porque es un dolor que ya conocemos. Nos aterra la posibilidad de abrir la caja de Pandora y que el cambio traiga consigo otro que no nos sepamos sobar. Nos mantenemos lejos de un dolor imaginario pagando el precio de uno que es real.
Romper nuestros patrones requiere echarnos un clavado a nuestra historia. Aceptarla como fue, validando que teníamos derecho a sentir lo que sentíamos. Agradecer que, gracias a ella, hoy somos quienes somos. Dejar de contarla desde la víctima resignificándola para narrarla desde el héroe.
Resiliencia es reconocer que, gracias a que mi papá me exigió demasiado he llegado lejos. Gracias a que mi mamá no estuvo pendiente de mí, aprendí a valerme por mí misma. Es perdonar el daño, comprendiendo que actuaron del mejor modo posible desde su propio nivel de consciencia, con la información y recursos que tenían. Que yo decido ahora desde dónde me relaciono y con quién.

No cargues piedras emocionales, construye con ellas un camino feliz que te permita crecer y llegar lejos.
Reparar es tomar aquellas piedras con las que has tropezado y construir con ellas tu camino del héroe.






Qué bárbara!! Me encantó, y claramente me echaré un clavado a mi historia
Mil gracias por leerlo y por tu comentario. ¡A nadar!