Darle Sentido A Tu Vida

Dale sentido a tu vida y vive con plenitud.

Darle sentido a tu vida, ¿tiene sentido?

 

Vivimos en la era de los sentidos. Todas las experiencias son cada vez más sensuales. Basta ver las nuevas salas de cine 4D. Desde sus orígenes y hasta hace poco, el mero hecho de ir al cine era un acontecimiento. Ahora hace falta que las butacas se muevan, que te rocíen con olores y, si llueve en la película, salir mojado. No creo que se trate sea un avance de la tecnología sin más.

 

Necesitamos ayuda para sentir.

Antes, íbamos a un museo y éramos felices contemplando. Ahora, la felicidad es el objeto de los museos.

Vivimos excesivamente sobre estimulados. Hay tanto compitiendo por nuestra atención, que hemos perdido la capacidad de sentir. Y con ella la de dar sentido. Buscamos las respuestas a todo fuera: en el oráculo de Google, la asistencia de Siri o la sabiduría del ChatGPT. Esperamos, incluso, que sean otros los que nos hagan sentir. La consecuencia es que creemos que el sentido de nuestra vida también hay que encontrarlo fuera. Como si se tratara de algo que existe, con independencia del cuerpo que habitamos, y nuestra misión fuera emprender una búsqueda del tesoro.

 

En esta época donde se nos incita a encontrar «nuestro propósito» y lo entendemos como sinónimo de «éxito», más que darle sentido a nuestra vida, vivimos con angustia vital. ¿Qué pasa si no encuentro aquella misión para la cual -supuestamente- estoy aquí? Y, ¿si la encuentro y fallo? Siento que no merezco vivir.

 

Creemos que nuestra misión debe tratarse de algo enorme, épico. Después de todo tiene que -ni más ni menos- justificar nuestra existencia. Parece lógico pensar que, cuánto más grande e importante sea esa misión, también lo será nuestra vida. Y todos anhelamos una buena vida.

 

Dale sentido a tu vida, en el presente.

 

Decimos que el cielo es el límite, que estamos en constante crecimiento. No es del todo cierto. El cambio es lo único constante. No somos, estamos siendo. Podemos crecer y evolucionar hasta el infinito. Como en un videojuego: cada nivel de consciencia abre la puerta del siguiente. No hay un límite porque no hay un fin. Cuando menos, mientras sigamos siendo. Lo que pocas veces nos dicen es que: si no crecemos, decrecemos. Podemos evolucionar, pero también involucionar. 

 

No se trata de aprender a leer, sino de leer.

No se trata de obtener un título, sino de continuar aprendiendo.

No se trata de alcanzar un peso ideal, sino de mantenernos sanos.

No se trata de casarte, sino de construir cada día la relación que quieres tener.

No se trata de cumplir expectativas, sino de conocerte lo suficiente y construir un proyecto de vida eligiendo libremente cómo, dónde y con quién quieres vivir. 

 

¿Si te quedaras sin nada ni nadie serías feliz?

Darle sentido a tu vida no está ligado a un resultado último. Lo que le da sentido a tu vida  es el significado que das a los actos cotidianos y al proceso mediante el cual desarrollas tus talentos al servicio de los demás.

 

Si no eres feliz con lo que tienes, no serás feliz con lo que te falta. Recuerda que siempre se abrirá una puerta que destape otro nivel. No permanecemos estáticos. Queramos o no, hay que seguir avanzando. Lo importante es darte cuenta de que puedes sentirte pleno con tu vida, tal y como es hoy, y aún así desear más, porque ello implica continuar creciendo. Y ya sabemos que lo que no crece… La diferencia es desde dónde lo quieres. ¿Para expandir tu amor propio y compartir con otros? O,  ¿para recibir reconocimiento, validación y cosas externas? ¿Es una huida hacia adelante para no asumir responsabilidad y comprometerte con lo que has elegido hasta ahora?

El sentido de tu vida debe ser tuyo.

 

Antes de darle sentido a nuestra vida, debemos distinguir entre: quién creo ser, quién quieren que sea y quién realmente soy.

 

Necesito estar convencido de que, aquello que quiero lo elijo desde la libertad porque resuena con lo más profundo de mi ser. Sin esa convicción, en cuanto otros me juzguen, critiquen o rechacen, sentiré miedo y ganas de abandonar mi objetivo.

 

dale sentido a tu vida

Cuando menos una vez al año deberíamos revisar si seguimos siendo los mismos.

Mientras yo no valido mi derecho a ser quien yo quiera y querer lo que quiero, estaré buscando que sea otro quien me de permiso. En el fondo busco el reconocimiento externo. Si no lo consigo, mi mente equiparará el miedo al fracaso con la muerte y me hará regresar al huacal.

 

Así es como me pierdo.

 

Deberíamos convocarnos a un summit personal cuando menos una vez al año para revisar qué hemos aprendido. Si nuestras creencias han sido o pueden ser actualizadas con base en la nueva información. Si hay ciclos que toca cerrar porque nuestro interior clama por abrir otros. Cómo modifica todo ello nuestros objetivos.

 

Actualizar mi proyecto de vida para alinear mis acciones a las nuevas creencias y emociones, es como doy sentido a mi vida.

 

Piensa en un objetivo que tengas. ¿De dónde viene? ¿Para qué lo quieres conseguir? ¿Cómo afecta tu salud, relaciones, bienestar el proceso de lograrlo? ¿Qué esperas que pase cuando lo consigas? ¿Para quién lo quieres conseguir?

 

Si piensas en tu objetivo y lo sientes como una lucha y un esfuerzo desmedido por demostrar algo, casi seguro no es tuyo. Y si lo es, viene de la carencia.

 

Apárcalo unas semanas. Dedícate a darte a ti mismo reconocimiento, afecto, apoyo, placer, inspiración. Repítete que no necesitas conseguir nada para merecer amor y que tu valor como persona no depende de lo que tienes, sino de cómo tratas a los demás. Observa si cambia el objetivo o tu forma de relacionarte con él. Defínelo de forma que solo dependa de ti cumplirlo y lo que sientas sea expansión cuando pienses en pasar a la acción para alcanzarlo.

 

¿De qué serviría llegar a la Luna si lo que querías era conocer la profundidad del mar?

 

Cuando tengas claro el plan de acción, escribe los beneficios de cada paso que tienes que dar hasta alcanzarlo. Cada paso que te lleva a tu meta debe estar dotado de significado. Quizá no todos son placenteros en sí mismos. En ese caso, es aún más importante comprender su significado dentro del proceso. Entender que son parte del camino y. como igual tenemos que pasar por ahí, mejor hacerlo con buena actitud.

 

Te pongo un ejemplo que igual te sirve: amo mi trabajo. Asesorar emprendedores, ayudarles con su plan de negocio, hacer previsiones financieras, acompañarles en el proceso creativo de aterrizar ideas, transformarlas en estrategias, arrancar y consolidar sus empresas, ser soporte y espejo para gestionar sus emociones, me da plenitud. Lo haría gratis. Elaborar informes, estadísticas, mantener al día el CRM, el papeleo, la burocracia, lo odiaba. Hasta que le di otro significado: ESO es por lo que me pagan.

 

El sentido de tu vida no está en la meta.

 

La utopía está en el horizonte.

Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se recorre diez pasos más allá.

¿Entonces, para qué sirve la utopía?

Para eso, sirve para caminar.

Eduardo Galeano

 

Darle sentido a tu vida no puede estar ligado a un resultado último. El verdadero sentido está en el significado que otorgas a los actos cotidianos y al proceso mediante el cual desarrollas tus talentos al servicio de los demás.

 

El sentido de tu vida lo pones tú.

El sentido de tu vida lo pones tú, no el camino.

Equiparar el propósito de tu vida con alcanzar una meta es lo que hace que vivas con vacío existencial.

 

Está bien tener una meta. Como dice Galeano, es lo que nos hace caminar. Sin ello, no hay motivación para ponernos a andar. Sin embargo, para poder asirnos, necesitamos que aquello que llevamos a cabo en el presente sea, en si mismo, una motivación suficiente.

 

La vida no es lo que ocurre al llegar a tu meta. Lo que compone la vida son los instantes presentes.

 

Por esta razón, si el sentido solo está en escalar la cima del Everest (conseguir el puesto, comprar la casa, tener la pareja, el hijo, el cuerpo, los viajes, la cuenta de banco) y sabemos que no se puede llegar de un salto, te estarás condenando a la frustración. No solo sentirás que nada tiene sentido hasta que estés en la cúspide. Es que, aún suponiendo que la meta sea realista y la alcances (buena suerte alcanzándola si no encuentras sentido en el proceso), no te puedes instalar ahí. Habrá que bajar del Everest.

 

El propósito del viaje es viajar.

 

Imagínate una actriz que considera que su felicidad está en ganar un Óscar y el único sentido que tiene para ella actuar es alcanzar esa meta. ¿Cómo crees que se siente cada vez que tiene que acudir a una audición? Cada vez que le niegan un papel. Cuando lo consigue, ¿cómo vivirá la experiencia en el set? Si la película o ella reciben malas críticas o no son un éxito en taquilla. Incluso si, llegada la temporada de premios, se entera que está nominada. ¿Qué sentimientos crees que ha experimentado durante el proceso desde que leyó el guion y se presentó al casting, hasta su nominación? ¿Cuál será su emoción en la alfombra roja? ¿Qué pasará si pierde? Pongamos que gana, tiene su estatuilla, ¿qué sigue?

 

Si el sentido de tu vida está en una experiencia que, por definición, es de corta duración, es imposible sentir que tu vida tiene un propósito. Siempre habrá un vació que llenar. Otro Óscar, un León de Oro, un millón, dos, cien, verte bien, mejor, con 10 años menos, como si no hubiera pasado el tiempo. Como el conejo que va tras la zanahoria.

 

Es en el silencio y la pausa donde encuentras el sentido de tu vida.

Es en el silencio y la pausa -después de cada viaje- donde encuentras el sentido de tu vida. 

 

Basta con leer la biografía o autobiografía del 99% de las personas que consideramos exitosas. Todas alcanzaron la cima y creemos que ese es el éxito. La mayoría -al llegar- sufrieron problemas mentales, colapsaron, se enfermaron o decidieron terminar con su vida. Otros se dieron cuenta de que en verdad, ahí no estaba la felicidad. 

 

El sentido del viaje no es llegar a un sitio, sabemos que habrá que volver. El sentido es lo que viví desde que comencé a soñar con él, a ahorrar, planear. Es decidir si voy a ir en avión, tren, coche, barco, bus, moto o bici. Donde dormiré. Las actividades que quiero hacer ahí y los sitios que no me quiero perder. La compañía. Lo que encuentro en cada etapa, los imprevistos que constituyen siempre las mejores anécdotas. Es la pausa, que me permite darme cuenta lo que siento en cada momento para disfrutarlo al máximo e integrarlo. Ir de vez en cuando sin rumbo ni dirección a ver qué pasa.  No hay foto, story ni reel que capture esas emociones. Solamente haciendo un alto dejamos que se impriman en nuestra memoria y se revelen con el tiempo. A veces, reaparecen cuando las creemos olvidadas. Son nuestro acervo más preciado. Son lo que nos transforma y nos hace ser.

 

El sentido de tu vida está en la cotidianeidad.

 

Vale Mariana, ya entendí. Tengo que asegurarme de que mi objetivo es realmente mío. Que lo quiero porque estoy convencido de sus beneficios y es lo que resuena con lo que mi espíritu realmente quiere experimentar. ¿Cómo lo hago?

 

¡A través del autoconocimiento, por supuesto! Con autoconocimiento evolucionamos, sin él involucionamos.

 

Estos son los 5 pasos que nos da Víctor Frankl:

 

  1. Autoconocerte. La única forma posible es, haciendo lo mismo que necesitas para conocer a otro: pasando mucho tiempo juntos, haciendo preguntas, escuchando, estableciendo límites sanos, creando intimidad. Es esencial no tener prisa, particularmente por llenar el silencio.
  2. Reconocer que eres única. Lo que tú haces, tal como tú lo haces, nadie más puede.
  3. Elegir. Equivocarte no es grave, lo peligroso es no decidir. De los errores se aprende, de la inacción no. Hay que aprender a elegir desde cosas tan simples como tomar café o té por la mañana, hasta a qué -y con quién- vas a dedicar tu vida.
  4. Hacerte responsable de las consecuencias. Toda elección implica renuncia, pagar un precio y traerá consigo consecuencias. Sin responsabilidad no hay posibilidad de elegir libremente, pues la acción no termina en el momento en que la realizas, sino cuando asumes las consecuencias con todo lo que implican. Sin buscar hacer responsable a nadie más. Es la única forma de estar al mando de tu vida y darle sentido. 
  5. Autotrascendencia. Aquí la vida cobra sentido en toda su plenitud. Implica reconocer que somos seres sociales y es imprescindible servir a los demás. Evidentemente con límites y teniendo en cuenta el primer paso. De lo contrario te pierdes y pierdes nuevamente el sentido.

 

Como hablamos al principio: el sentido de tu vida no es algo que está ahí fuera y tienes que encontrar. No está en la meta. Ni siquiera en el camino en sí mismo. Está en el significado que tú das a cada cosa que haces a diario.

 

El sentido de la vida esta en el instante presente.

La vida se compone de instantes. El significado que das a cada uno y la consciencia con que lo vives es lo que le dan -o no-  sentido. 

 

Durante una semana anota diariamente todas las actividades que haces. Las más triviales como ducharte, vestirte y comer. Las que consideras obligatorias como pueden ser madrugar, trabajar o limpiar tu casa. Incluye las placenteras: ver o hablar con amigos, jugar con tus hijos, practicar un hobby, besar, hacer el amor. Sin juicios ni historias, únicamente anota la acción.

 

Cuando tengas la lista completa, reflexiona: cuántas de esas acciones las llevas a cabo con consciencia plena, entusiasmo, agradecimiento y amor. ¿Comprendes a fondo sus beneficios? ¿Cómo se relacionan con tu proyecto de vida? ¿Qué falta para darles a todas sentido?

 

 

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