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Abrir Un Ciclo, Romper el Círculo

By 26 septiembre, 2024 No Comments

Abrir Un Ciclo, Romper el Círculo

abre un ciclo y transforma tu vida

Abrir un ciclo es parte del proceso de romper el círculo.

 

En el artículo anterior, tratamos sobre la importancia de cerrar un ciclo de fondo, para dejar atrás patrones que nos mantienen alejados de lo que en verdad deseamos. (Si no lo leíste haz click.)

 

Los ciclos -como todo en la vida-, son etapas que terminan para comenzar otras, que a su vez tendrán un fin. Podemos hacer de ello un círculo vicioso o uno virtuoso.

 

A lo largo de tu vida, vas abriendo y cerrando ciclos. Algunos son evidentes, vienen marcados por un calendario: greogoriano, escolar, laboral, religioso. Otros constituyen etapas vitales: nacimiento, primera infancia, infancia, adolescencia, juventud, adultez, envejecimiento y muerte. Se dan por un cambio de trabajo, pareja, estado civil, mudanzas, entorno. Unas veces por decisión propia, otras por la naturaleza del ciclo. Y, en ocasiones, por circunstancias o decisiones ajenas.

 

Siempre que algo termina, algo más está comenzando. Aprender a cerrar un ciclo de fondo, para dejar de repetir patrones, es una parte fundamental de nuestro crecimiento personal. Igual de importante es aprender a abrir un ciclo: estar preparado para enfrentar la incertidumbre, perder el miedo al cambio y tomar las riendas de tu vida.

 

Abrir un ciclo -sin miedo al cambio- es cuestión de actitud.

 

Mucho se habla sobre la importancia de tener una buena actitud ante la vida. O escuchamos -a modo de reproche- que deberíamos cambiar nuestra actitud¿Te has cuestionado alguna vez qué significa realmente eso de «tu actitud»?

 

Me atrevo a decirte que es uno de los pilares del autoconocimiento: tu actitud dice más de quién eres que (casi) ninguna otra cosa. 

 

Abrir ciclos es cuestión de actitud

Aunque intentes esconderte tras una máscara, tu actitud te delata.

 

¿Quién eres? Si te pregunto eso y aclaro que no puedes responder con tu nombre (si tuvieras cualquier otro, seguirías siendo la misma persona), con tu rol (profesional, madre, padre, hijo, hermano, nieta, etc.), nacionalidad, religión, hobbies, género, raza ni por tus cualidades físicas, ¿qué responderías?

 

Es LA pregunta. La que más merece la pena responder. La que en teoría debería ser simple de contestar, pues si hay algo que deberíamos conocer es quienes somos. En la práctica… Bueno, digamos que no es tan sencillo.

 

Tu actitud es la forma en la que demuestras persistentemente cómo eres. Lo que crees de ti mismo, del mundo, la forma en la que te relacionas y enfrentas las distintas complejidades de la vida. Es la predisposición que tienes para pensar, sentir y -en consecuencia- actuar favorable o desfavorablemente ante una circunstancia sobre la que no tienes todo el control.

 

Dime cómo te relacionas con las personas con quienes tienes mayor intimidad, con un desconocido, cómo enfrentas una crisis, tu comportamiento cuando tienes éxito y cuando cometes un error. Háblame de tus sueños, de lo que haces para convertirlos en realidad… y te diré cómo eres. 

 

Abrir un ciclo nos enfrenta a dos deseos: transformar nuestra vida y evitar la incomodidad.

 

Cuando decidimos cerrar un ciclo tenemos claro lo que no queremos. Abrir un ciclo implica que sabemos lo que sí queremos y deseamos movernos hacia ahí. Necesitamos entender que, es un proceso y  lleva tiempo. El cambio no se da en un instante, aunque a veces es todo lo que requiere para iniciarse.

 

Tener claro qué queremos cambiar y estar seguros que es en nuestro beneficio, nos motiva a salir de la zona de confort. El cerebro está programado para que no lo hagamos. Intentará evitar la incertidumbre y huir de la incomodidad a toda costa. La transformación que buscas es imposible si no entrenas tu mente y adoptas una actitud que cambie la resistencia por ilusión, el reto por entusiasmo.

 

perder el miedo al cambio

Sentirnos cómodos con la incertidumbre es perder el miedo al cambio y tomar el timón.

Empiezas emocionado, pero un cambio real no es un sprint, es más bien un maratón. Inevitablemente la motivación baja. Tu mente intentará convencerte para que lo dejes. El mecanismo que nos ha permitido sobrevivir y evolucionar como especie, sigue siendo tan primitivo como cuando cualquier mutación -en el entorno o en nosotros mismos, si nos alejábamos de las normas aceptadas por la tribu y nos rechazaban-, era una amenaza de vida o muerte.

 

Cuando estás apunto de conseguir el trabajo de tus sueños, cerrar un deal, dar el paso definitivo en una relación… de pronto, todo lo que sientes es incomodidad, angustia y miedo. No te extrañes si, justo cuando estás por abrir un ciclo y romper definitivamente un patrón, te entra la urgencia de dar un paso atrás. Escucha tu dialogo interno. ¿De quién es esa voz?

 

Entrena tu mente para vencer el miedo al cambio y abrir el ciclo que deseas en esta nueva etapa.

 

Ya dejaste atrás lo que no era. Estás preparado para comenzar algo mejor. Entrena tu mente para que no lo sabotee. 

 

Esa voz que busca «protegerte» y nunca estará de tu lado cuando se trata de arriesgar, suena algo así: para qué quieres hacer dieta si en cuanto dejes de pasar hambre vas a verte igual, además dicen que el efecto rebote es peor, cómete ese donut y se feliz. O, mi abuelo fumó hasta los 98 años y nunca le pasó nada, seguro ni es tan grave, mejor sí me echo ese cigarrito porque el estrés de no fumar me va a hacer más daño. A ver, me encanta, pero tenemos una relación perfecta en mi cabeza, la realidad jamás va a ser igual, qué tal que lo conozco y es horrible por dentro, o me conoce de cerca y no le gusto, me muero, mejor me quedo como estoy o salgo con alguien por quien no sienta tanto, así no sufro. 

 

Salir de la zona de confort es un esfuerzo.

Así pinta tu cerebro la zona de confort, hace falta disciplina para salir.

 

Yo no corro ni en defensa propia, así que debería dejar de poner ejemplos de maratones 🙂 Lo que sí hago -y amo- es nadar. En la actividad física se ve claramente aparecer el muro: cuando se vuelve un esfuerzo más mental. No importa que lleve décadas nadando y cada vez que lo hago me siento fenomenal. Mi cabeza sigue intentando convencerme que estaría mejor en el spa. Basta sumergirme en el agua para darme cuenta: esa voz no es realmente mía. No soy yo quien quiere evitar la incomodidad de ponerme el bañador, pasar un poco de frío, mojarme el pelo… es una parte desactualizada de mi cerebro que no sabe lo que es mejor para mí. Todavía, en los primeros largos, intenta que desista la muy puñetera. Lo increíble es que nunca falla. Si ignoro esa voz, después del esfuerzo inicial, me entrego con una felicidad irreal. Toda resistencia desaparece. Soy como Forrest Gump en la piscina. Entro en la zona. Fluyo. 

 

Lo increíble es que, aún siendo consciente del bien que me hace nadar y tratándose además de algo que disfruto, siempre que voy a la piscina la cháchara mental está ahí. Imagínate cómo se pone la cosa cuando se trata de algo nuevo, donde aún no tengo claros los beneficios, ni si voy realmente a disfrutar. Esa vocecilla tiene claro que me voy a ahogar. Como yo aún no tengo certeza de nada porque -¿hola?- es algo nuevo y el punto es precisamente ver qué pasa y en quién me convierto si lo intento, hace falta mucha disciplina para seguir adelante. 

 

¿Cómo atreverte a iniciar algo nuevo?

 

Pierde el miedo al cambio

Agradecer al ciclo anterior lo que te dejó y tener claros los beneficios del nuevo, te ayuda a vencer la resistencia al cambio.

Abrir un ciclo y romper el círculo, implica que tendrás que hacer cosas nuevas y te sentirás raro o rara haciéndolas. Entras en la fase de reparación: todo el tiempo tendrás ese muro delante. Las emociones que experimentes pueden ser desagradables. Un deseo intenso puede fácilmente convertirse en angustia, cualquier obstáculo se ve cien veces más grande porque todavía no has utilizado los recursos que tienes (quizá ni siquiera sabes que los tienes) para superarlo, la excitación se transforma en vértigo y la pasión en desasosiego.

 

¡Tranquilo! Hay cosas que puedes hacer para no dejarte vencer por la voz y hacer una exitosa gestión del cambio.

 

1. Cerrar el ciclo anterior de fondo.

 

Todo ciclo que acaba conlleva una pérdida y hay que asumirla. Incluso si lo que dejamos atrás era algo que se volvió tóxico o dejó de hacernos bien. Cuando lo iniciamos probablemente estábamos convencidos de estar haciendo lo correcto y la expectativa era que duraría más. Seguramente, en ese momento hicimos lo mejor con lo que teníamos. Cambiar un hábito también implica perder algo. Por ejemplo: quiero dejar de ser posesivo. Pierdo la sensación de control y me abro a la posibilidad de que mi pareja se vaya con alguien más. Aunque si no cambio, esa posibilidad pasará a ser certeza.

 

Antes de abrir un ciclo, escribe lo que te quitó y agradece lo que te dejó el anterior. 

 

2. Comprende los beneficios de abrir un ciclo y romper el círculo.

No es suficiente con definir tu objetivo y trazar un plan de acción para conseguirlo. Necesitas tener claro para qué quieres hacerlo. ¿Qué gano? Lista todos los beneficios que este nuevo alimento (hábito, relación, emprendimiento, trabajo, estudios, hobby, aventura) puede darte. Ve más allá: ¿por qué es importante para ti obtener esos beneficios?

 

Visualiza el camino que te lleva hasta ahí. Obsérvate sorteando obstáculos, traspasando límites, obteniendo nuevas habilidades, superándote. ¿Cómo te hace sentir? ¿Cómo quieres sentirte?

 

Integra esos sentimientos en tu cuerpo. Comprende bien los beneficios. Una cosa es entender y otra comprender. De la comprensión nace la convicción que nos mueve a la acción. 

 

Todos entendemos la importancia del ejercicio para estar sanos. Por eso, en enero los gimnasios se llenan. Pocos comprendemos realmente su impacto y vencemos los obstáculos (pereza, falta de tiempo, recursos, etc.) para hacerlo de manera constante. Por eso, los gimnasios en febrero vuelven a la normalidad.😂

 

Abrir un ciclo se siente como lanzarse al vacío

Transforma el miedo al cambio por curiosidad, confianza y alegría.

 

Estar convencido implica que no haces algo por autoexigencia, comparación, moda, miedo o para darle gusto a alguien más. Con autoconocimiento, el reto se convierte en anhelo y el esfuerzo en entusiasmo. 

 

No basta saber que el ejercicio es bueno. Encuentra un deporte que te guste y te venga bien. Una de las razones por las cuales no corro, es porque mi cuerpo lo resiente. En cambio, no podría vivir sin bailar.

Esto aplica para todo.

 

3. Acepta que el cambio es un proceso y requiere tiempo.

 

La primera etapa del cambio es la negación. Habiendo cerrado un ciclo, puedes sentir que no hay necesidad de cambiar para comenzar otro. Si no quieres repetir tienes que romper el patrón: eso implica cambiar. ¿Y si no cambio Mariana? Pues ya sabes lo que vas a obtener: exactamente lo mismo que hasta ahora.

 

En la vida o repetimos o reparamos.

 

La segunda etapa de un nuevo comienzo es la planeación. Ya identificaste qué conductas necesitas cambiar (las que te han traído los resultados obtenidos hasta ahora), tienes intención de cambiar porque comprendes los beneficios, probablemente has emprendido alguna acción en esa dirección. Para construir una casa, los arquitectos necesitan planos. Para materializar tus sueños, necesitas un plan.

 

Abrir un ciclo es pasar a la acción.

¡Deja de planear! Es momento de pasar a la acción.

¡Acción! Cambiamos en la acción. Cambiamos en las relaciones. El cambio no se da estudiando, yendo a terapia, recabando información o reflexionando sobre lo que hace falta para cambiar. Tampoco elaborando un plan de acción a prueba de balas (spoiler: eso no existe). No hace falta sanar del todo, ni alcanzar una supuesta versión infalible de ti mismo (otro spoiler: es imposible), presumiendo que de lo contrario vas a fracasar. Recuerda: es indispensable admitir en tu vida la dimensión del error. La tercera etapa es la más importante porque sin acción no hay transformación. Grábatelo.

 

La cuarta fase es el mantenimiento. Para conseguir resultados necesitas paciencia, esfuerzo, disciplina y constancia. Nadie sube a la cima del Everest de un salto. Los alpinistas tardan dos meses en promedio para escalarla. La mitad del tiempo consiste en aclimatarse, una vez llegados al campamento base -lo que supone días de trayecto-, antes de continuar ascendiendo. Lo difícil no es dar el primer paso, eso lo hace cualquiera. Lo que diferencia a los verdaderos campeones, como cuenta elocuentemente Roger Federer en el discurso de graduación de Dartmouth, es su actitud y las ganas de seguir adelante sin perder el entusiasmo. 

 

4. Cuando se trata de abrir un ciclo para romper el círculo, cualquier paso en una nueva dirección es una victoria.

 

Abrir un ciclo nos hace sentir vulnerables. Tener claro lo que queremos conseguir, estar convencidos de que es algo en lo que vale la pena invertir pues los beneficios potenciales superan con creces los riesgos, trazar un plan estratégico previendo obstáculos que pueden surgir, pensar cómo podemos prevenirlos y prepararnos para enfrentarlos, es el comienzo. Luego viene la resistencia. Sin resistencia no se construye músculo. Con el tiempo llega la única certeza posible: pase lo que pase, vas a estar bien. 

 

crossroads

No hay decisiones buenas y malas, lo que siempre hay es aprendizaje.

La experiencia te enseña que todo problema viene con una solución. Poniendo el foco en el proceso y no en el resultado, te das cuenta que tienes las herramientas para llegar a ella por distintos caminos. 

 

La confianza se construye superando dificultades y reparando errores. Esto vale para una relación y para la seguridad en ti mismo.

 

Ningún camino es mejor que otro.  En todos se hará de noche y amanecerá otra vez. No intentes averiguar exactamente qué sucederá en el recorrido. De los imprevistos surge lo memorable. Deja de pedir direcciones a otros. Tu destino es un sitio aun por descubrir, nadie más ha hecho este viaje.

 

Escucha tu cuerpo, ¿hacia donde te pide ir? Da un paso, el que sea con tal de que sea nuevo, y ve qué pasa. ¡Celébralo!

 

5. Normaliza las recaídas.

 

El cambio por definición no es permanente. Cuando caemos en la trampa de creer en la permanencia, nos alejamos de la realidad y vivimos en un espejismo.

 

Como en el juego de Serpientes y Escaleras: cerca de la meta parece que nos devuelven a la casilla de salida. Reconocerlo como parte del proceso es la única forma de no desanimarte. Piensa que tu cuerpo se está acostumbrando a nuevas emociones. Tu cerebro está actualizando su software. Tú te estás adaptando a una nueva forma de ser.

 

No nacemos resilientes. La resiliencia se construye en el proceso afrontando la adversidad. No es sólo levantarte después de caer, es volver a jugar con todas las ganas de vencer. 

 

Quizá hace tiempo no te sientes auténticamente feliz. Probablemente no conoces lo que es estar en una relación sana y recíproca. A lo mejor, necesitas acostumbrarte a la abundancia. Sea lo que sea, abre este nuevo ciclo con la convicción de que tienes todo lo necesario para emprender el viaje.

 

Tatúate esto: La experiencia te da en la medida en que tú te das a la experiencia. 

 

 

 

 

 

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