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10 Señales Para Reconocer Un Mal Objetivo Y Su Antídoto

By 15 marzo, 2019 No Comments

10 Señales Para Reconocer Un Mal Objetivo Y Su Antídoto

10 Señales para identificar un mal objetivo y su antídoto

Tener objetivos es fundamental para avanzar en la vida. Nos hace salir de la cama con ganas y ayuda a mantenernos motivados. Cuando tenemos un objetivo, es mucho más fácil levantarnos después de una caída. Cumplir objetivos nos da confianza y eleva nuestra autoestima.

 

Una vida sin objetivos inteligentes es una vida sin rumbo y sin ilusión. Sentir que nos esforzamos mucho y conseguimos poco, es receta para el desánimo y la desesperación. Alejarnos de nuestros objetivos, abandonarlos o sentir que son imposibles de cumplir, crea frustración y atenta contra el amor propio. Por eso, voy a contarte 10 señales que te permitan reconocer si tienes un mal objetivo, y qué puedes hacer para reconducirlo.

 

No eres tú, es tu objetivo. 🙂 

 

Si llevas un tiempo intentando lograr algo sin éxito y te da por creer que el problema eres tú, que no tienes lo que hace falta para conseguir eso que tanto deseas o comienzas a dejarte llevar por la desilusión, comprueba que el fallo no esté en tu objetivo.

 

Un sueño, un deseo, una intención no son un objetivo. Un objetivo es el propósito de hacer o conseguir algo específico en un plazo determinado, comprometiéndote a llevar a cabo todo lo necesario para lograrlo.

 

Antes de torturarte pensando en todo lo que estás haciendo mal, lo injusta que es la vida que te pone tan difícil tener lo que quieres, o (mi favorita) todas las razones por las cuales nunca te sale bien, revisa la siguiente lista de señales de un mal objetivo. Si lo que quieres cumple con una o dos de ellas, es necesario hacer algunos ajustes. Si son tres o más, definitivamente el fallo está en el objetivo y habrá que formularlo de otro modo o plantearte uno nuevo.

 

10 Señales para reconocer un mal objetivo y su antídoto:

 

  1. Lo haces por obligación.

 

Un objetivo es algo que haces por ilusión. Todos tenemos obligaciones y necesitamos cumplir con ellas. Los objetivos, en cambio, son cosas que deseamos realizar, aprender, conseguir. Tu objetivo tiene que ver con cómo quieres verte, sentirte, estar, lo que quieres tener y lograr, al llegar a la meta. También con quienes quieres rodearte para compartirlo. Debe reflejar tus valores.

 

Ejercicio rápido: Visualízate en la meta. Piensa en lo que tuviste que hacer, aprender y vivir para llegar ahí. ¿Cómo te hace sentir el recorrido? ¿Cómo te sientes ahora que cumpliste tu objetivo? Si la sensación es de agobio, soledad, tristeza, lucha, renuncia, se trata de un mal objetivo. Un buen objetivo debe ilusionarte, el proceso para alcanzarlo debe ser un reto que te motive a mejorar, lo cual supone alegría. Cumplir un buen objetivo te llena de energía positiva y te permite compartirlo con otros.

 

Antídoto: Si es algo que tienes que hacer por deber, encuentra en él la motivación y transforma el “tengo que hacerlo” por “quiero hacerlo”. Seguro algo ganas llevándolo a cabo, céntrate en eso y date cuenta que tienes opciones, de modo que en realidad eliges cumplir con ese deber porque es la opción que más te conviene. Quiérela entonces. Si es algo que haces por gusto, pero hay una parte del proceso que te bloquea porque implica llevar a cabo acciones que no sabes o no quieres hacer, revisa los motivos y mantén el foco en la meta.

 

  1. Está basado en las expectativas de alguien más

 

Debe ser algo que tú deseas conseguir, se trata de cumplir con tus expectativas. Cumplir objetivos es un proceso que nos transforma, ya que el camino está lleno de aprendizaje. Necesitas preguntarte no sólo qué vas a ganar cuando lo consigas sino en quién te vas a convertir. Esa persona debe ser una mejor versión de ti.

 

Un mal objetivo te aleja de tu esencia, obligándote a comportarte en contra de tus valores y aspiraciones genuinas. Termina convirtiéndote en alguien que no eres ni quieres ser.

 

Ejercicio rápido: ¿Pregúntate por qué quiero hacerlo? Si la respuesta es para darle gusto a cualquier persona que no seas tú, necesitas cuestionar si eso está alineado con algún objetivo o valores superiores. Si es el caso, aplica el antídoto anterior. De lo contrario es mejor utilizar el siguiente remedio.

 

Antídoto: Tener claro qué quieres tú, qué tipo de persona eres y deseas ser, cuáles son tus valores y expectativas. Ten tu propia definición de éxito y estándares de integridad. Asegúrate que tu objetivo los cumple. Como dice Guillermo del Toro, el éxito es fracasar en tus propios términos, no ganar en los de otro.

 

  1. Lo quieres porque otros lo tienen

 

Vivimos expuestos a saber lo que hacen y consiguen los demás 24/7 a través de las redes. Compararnos resulta casi inevitable. Evitarlo es lo mejor que podemos hacer por nuestro bienestar, lo cual requiere consciencia y esfuerzo constante. Querer algo sólo porque otros lo tienen te condena a cumplir los sueños de otros, receta segura para la insatisfacción permanente, lo consigas o no.

 

Ejercicio: Pregúntate si nadie más de tu entorno considerara eso importante y valioso, ¿lo seguiría siendo para ti?

 

Antídoto: Decide lo que quieres con base a tus deseos auténticos. Valórate por lo que eres, tienes y por lo que tú puedes ofrecer.

 

  1. Es egoísta

 

Además de SMART, tu objetivo debe ser sistémico. Es imprescindible que tengas en cuenta el impacto sobre otras personas. Si cumplirlo afecta negativamente a otros o únicamente te beneficia a ti, probablemente es un mal objetivo.

 

Ejercicio: Analiza quienes se verán afectados en el proceso para llegar a tu meta y una vez alcanzada esta. ¿Cómo beneficia a otros el que tú consigas lo que deseas?

 

Antídoto: Si hay personas que se verán directamente afectadas, habla con ellas, explícales por qué es importante para ti y procura llegar a acuerdos. Encuentra la manera de beneficiar a otros al tiempo que obtienes lo que quieres.

 

  1. Busca satisfacer las necesidades del ego

 

En este caso, no hace falta que otras personas se vean afectadas, incluso puede ser que lo hagan positivamente. El problema es que no se trata de algo auténtico, lo quieres porque crees que sin ello no vales lo suficiente.

 

Cuando tus objetivos nacen de tu ego nada de lo que consigas será suficiente, porque el ego -si no se controla- siempre querrá algo más. Por ello, puede ser que hayas logrado muchas cosas o que en realidad ya tengas todo lo que necesitas para ser feliz, y aun así sientas un vacío. Ese espacio no lo vas a llenar consiguiendo más cosas, tendrás que rellenarlo con amor y compasión.

 

Ejercicio: Te recomiendo meditar para conectar con tu autenticidad.

 

Antídoto: Elevar tu autoestima y amor propio.

 

  1. Es un deseo que no tienes intención de cumplir

 

Es común soñar con conseguir algo que creemos que nos hará felices. Podemos desearlo con todo el corazón. Fantasear con ello nos hace sentir bien. Sin embargo, no estamos realmente dispuestos a hacer el esfuerzo necesario para obtenerlo.

 

Darnos cuenta no siempre es fácil, por eso puede ser que estés esforzándote en alcanzar un objetivo por un lado y saboteándote por otro.

 

Ejercicio: Dibuja una escalera, arriba escribe tu objetivo y en cada peldaño los pasos que necesitas dar para llegar ahí. Al lado de cada escalón anota qué supone cada paso: lo que necesitas hacer, aprender, el tiempo y dinero que debes invertir. También lo que vas a ganar, en términos de beneficios emocionales, de salud, económicos, materiales y todo lo que se te ocurra que te emociona al pensar en ello.

 

Antídoto: ¿Vale la pena la inversión? Responde con sinceridad. Si la respuesta es sí, comprométete en serio. Si la respuesta es no, mejor encuentra otro objetivo.

 

  1. Es difuso

 

La mayoría de los casos de clientes que vienen a mí porque tienen problemas para cumplir sus objetivos tienen un punto común: falta de claridad.

 

Para cumplir tu objetivo, es fundamental tener claro en qué consiste exactamente éste y todo lo que requieres para tener éxito.

 

Ejercicio: Realiza el ejercicio anterior para obtener claridad.

 

Antídoto: Transforma la escalera en un plan de acción marcando un plazo para subir cada escalón.

 

  1. Está fuera de tu alcance

 

Al trazarte un objetivo, es importante dejar volar tu imaginación para soñar en grande. Apunta a la luna, si no llegas acabarás entre estrellas.

 

Después debes aterrizar y hacerte consciente de tu realidad. Empeñarte en conseguir algo que está fuera de tu alcance puede dañar severamente tu autoestima. El que tu meta sea ahora demasiado alta para que puedas alcanzarla, no necesariamente significa que no serás capaz de llegar a ella, pero debes partir siempre de la realidad y los recursos con los que cuentas en cada momento para evitar el desánimo y la frustración.

 

Si tu sueño te viene grande lo que necesitas es crecer tú.

 

Ejercicio: Escribe tu meta y todos los recursos que hacen falta para llegar a ella. En una escala del 0 al 100 donde 100 es tu meta, ¿dónde estás ahora con los recursos con los que actualmente cuentas? ¿Qué necesitas para llegar al 100? ¿Es posible para ti?

 

Antídoto: Tomar consciencia de nuestra realidad respecto a nuestros sueños puede ser un proceso doloroso, sin embargo, es indispensable. Más vale una colorada a tiempo que cien descoloridas. A la larga nos evita mucho sufrimiento. Si tu objetivo está fuera de tu alcance, pero consideras posible lograrlo, elabora un plan de acción con objetivos más pequeños que te vayan acercando a la meta, al tiempo que te permitan disfrutar de ir avanzando.

 

  1. Es poco probable que lo consigas

 

Hablo mucho -en general todos los Coach lo hacemos- sobre la importancia de saber que lo que quieres es posible. Suelo insistir además en que, salvo aquello así determinado por las leyes físicas, no hay imposibles. El que la sigue la consigue. Es verdad, lo creo así o no me atrevería a decírselo a mis clientes.

 

Herman Hesse tenía razón: para lograr lo posible hay que intentar lo imposible.

 

El que algo sea posible a veces no basta. Cuando es poco probable que suceda, debes valorar si el riesgo merece la pena.

 

Ejercicio: Obsérvate a ti y a tu objetivo como si fueses un tercero imparcial o una persona a quien admiras. Calcula del 0 al 100 cuál es la probabilidad de que lo consigas.  

 

Antídoto: Toma el consejo de Aristóteles, elige una probabilidad imposible antes que una improbable posibilidad.

 

  1. En el fondo crees que te falta algo o que no es posible

 

Dudar es humano. Por mucha experiencia y conocimiento que tengamos, sentir incertidumbre cuando emprendemos un nuevo reto es, además de normal, sano. Te permite valorar mejor tus opciones y prepararte para enfrentar posibles obstáculos. La falta de confianza en tu capacidad para lograr lo que quieres no es sana y te sabotea.

 

Mientras creas que no estás preparado, que no es suficiente con lo que eres y tienes ahora, tu mente encontrará siempre la manera de justificar el no dar el paso que sabes que debes dar para llegar donde quieres. Se mantendrá ocupada inventando escenarios catastróficos o recurrirá a la estrategia más sutil – y por tanto más efectiva -de distraerte con múltiples tareas que te hagan sentir que estás haciendo algo para avanzar, al tiempo que se encarga de que permanezcas en el mismo lugar estancándote.

 

Ejercicio: Medita, conecta con tu centro, mira si en el fondo crees que no vas a poder.

 

Antídoto: Eleva tu confianza. Si quieres saber cómo puedes aumentarla lee este artículo y para profundizar te recomiendo mi libro El Viaje Hacia El Súper-Yo.

 

Estas son las 10 señales más comunes de que un objetivo es malo (y empeñarnos en cumplirlo puede hacernos mayor daño que bien) y los antídotos para transformarlo en buen objetivo o reconocer si es mejor desistir.  Si conoces otras, por favor cuéntanos en los comentarios para aprender todos juntos.

¡Muchas gracias por compartir!

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